A 40 días de espera.

El calendario, cuando se le mira con detenimiento, deja de ser una simple sucesión de días para convertirse en un testigo de la historia. Mañana lunes 30 de marzo de 2026 no es una fecha más: los profesores UCistas lo asumimos como el inicio de una cuenta regresiva que hace cuatro (4) largos años parecía difícil de lograr. Así que solo cuarenta (40) días nos separan del viernes 8 de mayo 2026. Cuarenta (40) días para que el profesorado de la Universidad de Carabobo vuelva a ejercer un derecho que nunca debió ser suspendido. Cuarenta (40) días para reencontrarnos con la institucionalidad. Porque, digamos, no se trata solo de una elección. Se trata de que cobraremos una añeja deuda. Y hay gozo.
Una deuda con la legalidad, con la ética y con la dignidad profesoral. Las elecciones de IPAPEDI, recordemos, debieron celebrarse en junio de 2022. Pero no ocurrió así. Y desde entonces, el tiempo no ha hecho otra cosa que acumular razones, hechos y hasta silencios cómplices del todo injustificables. No había mediado una sentencia judicial que lo impidiera. No ocurrió tampoco un hecho natural alguno que lo excusara. Lo que hubo fue otra cosa: una prolongación indebida, una deriva gerencial que extravió el rumbo de una institución nacida para proteger, acompañar y dignificar la vida del profesorado. Pero no olvidemos que incluso en los extravíos más prolongados hay señales. Hoy, esa señal, es el cronograma electoral. No como un simple documento administrativo, sino como una veta luminosa en el duro muro de la postergación.
Una rendija, apenas, pero por la que comienza a filtrarse la esperanza. Estamos, por fin cerca. Cerca de recuperar lo que es nuestro. Cerca de restituir el orden vulnerado. Cerca de devolverle sentido a una institución que nunca debió alejarse de sus principios fundacionales.
Durante estos años, muchos han llegado a sentirse como apenas espectadores de una abstracta realidad. Como si estuvieran sentados en una mesa a la que nunca fueron invitados. Como si su presencia fuese solo tolerada, pero no reconocida. Como si, en su propia casa, hubiesen sido tratados como simples “coleados”. Pero ese tiempo, por fortuna, comienza a quedar atrás. Porque cuando una comunidad decide reencontrarse con sus derechos, deja de ser espectadora y se convierte en firme protagonista. Y eso es, precisamente, lo que está en marcha. El próximo 8 de mayo 2926 no es solo una fecha electoral. Es una oportunidad histórica. Es el punto de inflexión entre el extravío y la recuperación. Entre la resignación y la acción.
No es exagerado decir que estamos ante un momento crucial, decisivo. La luz al final del túnel ya no es una metáfora ejana. Se trata de una presencia concreta, visible, posible. Y como toda luz verdadera, no solo ilumina: sino que también nos llama a participar. Nos convoca a decidir. Convoca a un inmediato reconstruir. Profesor(a), que nadie se quede al margen. Que nadie vuelva a sentirse extraño o ajeno. Que nadie acepte, otra vez, el papel de no ser reconocido, porque IPAPEDI ya no necesita espectadores. Necesita, eso sí, protagonistas. Y ese tiempo —por fin— a Dios gracias ha comenzado. ¡Vamos a por ello!