Ayer, hoy y mañana.

Ayer, hoy y mañana.

En la vida institucional de la Universidad de Carabobo se advierten decisiones que trascienden a su tiempo. Diría que aquellas que, por sus cualidades morales, se desprenden del marco virtuoso del deber ser. Sin duda que el Instituto de Previsión Social y Ahorro del Personal Docente y de Investigación de la UC, IPAPEDI, es una de ellas. Para su mejor comprensión, considero útil formularnos tres preguntas con sentido existencial: ¿De dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos?

El ayer corresponde al tiempo fundacional. Hace 65 años, por solícita decisión del Consejo Universitario, se fundó IPAPEDI con un patrimonio inicial de 50.000 bolívares. No fue un gesto ni decisión administrativa menor; fue sí, una convicción y una declaración de principios. Por más de una década el rector de turno presidía también el Instituto. Era la muda confesión y manifestación de acatamiento del mandato del artículo 114 de la Ley de Universidades, que impone a las universidades públicas el deber de velar por la seguridad social de sus profesores.

Asimismo, aquella responsable e histórica actitud de los profesores maestros fundadores no era obra de la casualidad. Expresaba la comprensión profunda de que la universidad que forma profesionales, produce conocimiento y hace extensión y servicios, debe también proteger a quienes lo hacen posible, por ser los principalísimos actores de su noble razón de ser.

Durante medio siglo, los profesores UCistas hemos contado con un instituto que acompañaba las contingencias, asistía y satisfacía necesidades y, sobre todo, simbolizaba el soportante andamiaje del espíritu mutualista. De aquel ayer venimos: de una cultura previsional donde el ahorro era un medio, pero la seguridad social era el fin.

El hoy está ausente. No se percibe. El magno y noble propósito luce abandonado. En los últimos dieciséis años el carácter previsional ha venido erosionándose progresiva y continuamente. Con perfidia se ha cambiado la naturaleza ética del Instituto hacia un esquema de mera intermediación financiera. Lo que está en uso son los créditos personales condicionados al respaldo de los ahorros. Una lógica bancaria en un entorno donde los profesores perciben apenas ingresos simbólicos —de solo cuatro dólares mensuales— que imposibilitan cualquier dinámica real de ahorro. El resultado es una secuestrada y postrada institución inoperante puesta al servicio del interés crematístico de unos pocos privilegiados.

Sin programas efectivos de previsión, sin cobertura sanitaria estructurada, sin instrumentos de protección social acordes con la emergencia humanitaria compleja (EHC) que vive el profesorado. Un instituto sin previsión, es un simulacro jurídico: una estructura que funciona de hecho y no de derecho. El IPAPEDI de hoy ha perdido su visión y misión; vale decir, extravió sus coordenadas en la bidimensión espacio- tiempo. Por consiguiente, pareciera ser como una embarcación que deambula sin tener rumbo y, lo que es peor, sin piloto.

El mañana nos demanda el imperativo ético de la reconstrucción del sueño y propósito original. Soñamos —y proponemos— un IPAPEDI que retome su auténtica razón fundacional. Un instituto que vuelva a colocar la salud como el supra valor de la vida, y la dignidad social del profesor en el centro de su acción. En ese horizonte se inscribe la propuesta del

Ecosistema Sanitario Autónomo (ESA), concebido para atender la salud como el valor supremo de la existencia humana y, a su vez, el eje estructurante de toda la política previsional del docente universitario. La salud no es nunca un beneficio accesorio; debe ser el fundamento que sustente la acción del Instituto.

Asimismo, el Ecosistema Productivo Académico (EPA) proyecta una visión renovada: que las 335 cátedras de nuestra universidad moneticen el conocimiento que generan, transformando ese capital intelectual en sostenibilidad y base institucional. No se trata de hacer de la academia un negocio crematístico, sino de dignificarla mediante la auténtica valorización social y productiva de su suma importancia.

Profesor(a); ESA, EPA y UCA, no son ocurrencias coyunturales. Son propuestas de reconstrucción sistémica: previsión social articulada con productividad académica y mutualismo acompañado de sostenibilidad. IPAPEDI fue durante décadas la expresión concreta de una universidad que asumía la seguridad social de sus profesores como un deber indeclinable. Hoy atraviesa una etapa de desvarío, extravío y desnaturalización. Mañana puede —y debe — volver a ser lo que en su esencia fue. Porque instituciones, como las universidades, no se miden por una falsa retórica cargada de vacío, sino por su capacidad de proteger a quienes ciertamente consagran su vida a la noble misión de ser faros académicos y bitácoras de civismo y ciudadanía. ¡Vamos a por ello!

En IPAPEDI, Elecciones YA.