Escandalosamente AUSENTE

Ayer sábado 28 de febrero, en la UAMI, se llevó a cabo la primera fase de una nueva jornada de despistaje ―la número XV― de enfermedades urológicas dirigida a la atención de la comunidad UCista, tanto de profesores como de otros miembros de la comunidad universitaria.
Una importante y pertinente iniciativa, cabe señalarlo, coordinada por el vicerrector administrativo, José Angel Ferreira, y soportada en el andamiaje sinérgico de voluntades y capacidades de varias dependencias universitarias; entre las que destacan la FCS y la fundación Fopediuc, entre otras.
En estos tiempos en los que la vulnerabilidad ante las enfermedades se potencia y agrava, dada por la emergencia humanitaria compleja (EHC) en que vivimos, esta jornada —que incluye atención médica y un protocolo de laboratorio por un módico costo de $36 — representa para muchos colegas y miembros de la comunidad una oportunidad de acceso a servicios de salud que, de otro modo, resultarían casi imposibles para la gran mayoría.
Sin embargo, hay en esta noble y loable acción, un actor que ha brillado y brilla por su ausencia, lo que evidencia, una vez más; el extravío y abandono de la preocupación por la salud del profesorado, que no podemos dejar de señalar, la del Instituto de Previsión Social del Personal
Docente y de Investigación de la Universidad de Carabobo (IPAPEDI). Esta institución —creada, como sabemos, por el CU de la UC hace 65 años para servir de pilar de la seguridad social de los profesores — se percibe hoy en total abandono de su razón de ser. Una vez más, mantengo y sostengo que la salud, como supra valor de la vida, debe ser el centro de toda política de previsión social universitaria. Por lo que resulta inexplicable, y solo se admitiría como obra de la condenable irresponsabilidad, sin que falte una cuota de maledicencia discursiva, en quien, ilegítimamente, se aferra ―de hecho y no de derecho―, en clara contravención a su mandato de origen: servir a la protección social de los docentes asociados.
Hoy observamos con inquietante preocupación que, mientras diversas dependencias de la universidad se movilizan y sinergizan para promover actividades de bienestar social; IPAPEDI se enfoca en propuestas distantes y ajenas a las auténticas necesidades de los profesores. No es menor la desconexión entre la realidad sanitaria que enfrentan muchos de nuestros colegas y la venta de humo retórica sobre las supuestas “oportunidades de inversión”, que difunde el deslegitimado e ilegal usurpador de nuestro ente previsional. Una vez más, repito en esta crónica que resulta impensable e inaceptable que una institución cuya misión es la asistencia y previsión social del profesor UCista se encuentre engolfada, atrapada, secuestrada y sumida en actividades que desfiguran su humanitario propósito fundamental.
La comunidad docente observa con tristeza que, mientras se organizan jornadas de salud y se generan esfuerzos colectivos para atender necesidades imperiosas, una instancia institucional clave como el IPAPEDI, se muestre negligente a la hora de ayudar a cumplir la función de protección de la salud; y lo que es peor, que en su lugar, promueva alternativas que, si bien no le son ajenas, tampoco resultan moralmente prioritarias. Colegas, la salud es la auténtica y verdadera riqueza, porque sin ella todo lo demás pierde sentido. Por ello, la creciente exigencia que hacemos ante SUDECA en el sentido de que cumpla y haga cumplir la ley, a los fines de que, en el IPAPEDI, se lleven a cabo las elecciones pendientes, resistidas ya por casi cuatro años por la cúpula que ilegalmente lo dirige.
La comunidad profesoral asociada de la UC requiere definitivamente un IPAPEDI que responda a sus legítimas expectativas de seguridad social, con un liderazgo legítimo, rendición de cuentas y el compromiso con la salud, el ahorro, la previsión en procura del bienestar colectivo.
Profesor(a), hago por intermedio de esta crónica un fuerte llamado a SUDECA —no solo de protesta, sino básicamente de esperanza— para que se abra de una vez por todas el espacio democrático, que nos permita a los profesores elegir el liderazgo digno, capaz y comprometido con la previsión social, tal como fue el propósito original de la creación del instituto. La salud y la previsión social son derechos, no bienes canjeables en el azaroso ámbito del mercado bursátil. La universidad, por su naturaleza, debe ser además y para siempre el lugar donde se siembren, cultiven y cosechen los altos valores de la ciudadanía. ¡Vamos a por ello!