Esperanza viva y activa

Este cuarto domingo de Adviento ―el más cercano a la Natividad― es un tiempo de espera, pero no de espera pasiva. Es más bien el de esperar con esperanza viva y activa. Un tiempo, si se quiere, de preparación interior y de compromiso con aquello que da sentido a nuestra vida personal e institucional.
El Adviento, en la cortedad de sus días, es un proceso espiritual predisponente a la confianza y, por consiguiente, a la esperanza, que se traduce en un emovere que nos provee de fuerza interior y nos sacude el estado normal, ya sea física o anímicamente, impulsándonos a reaccionar y actuar. Vale decir, una emoción que al racionalizarse se convierte en sentimiento, y este, nos impulsa a tener una predisposición actitudinal positiva.
En la tradición cristiana, la esperanza no es ingenuidad: nace del reconocimiento de la fragilidad humana y, aun así, apuesta por la posibilidad del renacer. Hoy, en la Universidad de Carabobo, esa esperanza, diríamos, se encarna en una aspiración légítima y concreta de los profesores: rescatar el IPAPEDI como instituto de previsión social y ahorro. Y hacerlo un instituto transparente y al servicio de todo el cuerpo profesoral UCista.
La Navidad nos recuerda siempre que no hay dignidad posible sin justicia, ni comunidad auténtica sin derechos. Elegir y ser elegidos no es, por tanto, una concesión graciosa. Es, en cambio, un derecho fundamental que fortalece el tejido de la institución y devuelve la confianza al colectivo. IPAPEDI debe volver a ser casa generosa y común, no espacio de exclusión ni lugar del personalismo irascible, que lamentablemente, presenta visos de padecimiento y sufrimiento patológico.
La seguridad social, como un bien social, no es un beneficio accesorio. Es, al contrario, el principal andamio que sostiene el juego existencial de la vida universitaria. Es el soporte que permite al docente enseñar, investigar y servir con serenidad y vocación plena. Sin previsión social no hay tranquilidad, sin tranquilidad no hay academia; y sin academia, la universidad pierde su esencia y genuina razón de ser.
En este tiempo de Adviento, cuando la luz se abre paso en medio de la noche, hacemos votos porque muy pronto podamos celebrar elecciones libres y amplia participación en IPAPEDI, como signo de restitución institucional y de madurez democrática.
Cuanto quisiéramos que fuera también un gesto de reconciliación y camino abierto hacia un futuro compartido. Lo que sería bueno para todos y, tengámoslo muy presente: lo que es bueno para todos, es bueno para cada uno de nosotros, ¿verdad?. Que la esperanza que anunciemos no sea solo decires, sino haceres.
Que la Navidad tan esperada nos encuentre alegres y unidos. Y con la firme convicción de que rescatar el IPAPEDI es rescatar el decoro profesoral y, también, un gran aliento para la academia, que hoy más que nunca, necesita nuestra UC. Esperar en tiempo de Adviento, es hacer votos y creer que lo justo es posible… y, por consiguiente, debemos procurarlo con prudencia, paciencia y perseverancia. Profesor(a), en nombre de mi familia y del mío propio. De de todo corazón, le deseo: ¡Feliz Navidad 2025 y Próspero Año Nuevo 2026!
¡Vamos a por ello!
¡En IPAPEDI, Elecciones YA!
PD: El domingo 18 de enero de 2026 les prometo retomar el gusto por esta entrega; mi habitual crónica dominical, siempre en la búsqueda de que se imponga el talante universitario y que, con el mayor orgullo, restituyamos el sacrosanto derecho de elegir y ser elegido.
¡Abrazos a todos!