Institución resurrecta.

Institución resurrecta.

El calendario litúrgico nos recuerda que hoy domingo 5 de abril no es un día común y corriente. Es el Domingo de Resurrección —la celebración más importante de la cristiandad—, la proclamación serena y profunda de que el esplendor de la vida, aun después del dolor y el martirio, termina por imponerse. No como estridencia, sino como certeza. No como consigna, sino como esplendorosa epifanía. La tradición cristiana lo expresa con sobriedad: después del dolor y sacrificio, la espera y el silencio, llega la aurora. Y con ella, el renacimiento de la vida.

Salvando las diferencias y distancias entre lo humano y lo divino, en nuestro ámbito institucional UCista hemos transitado también un calvario de dificultades. Han sido cuatro (4) años en los que la paciencia, la prudencia y la perseverancia han sido puestas a prueba. Cuatro años en los que la disciplina se hizo virtud y la convicción democrática se convirtió en acerada guía. Irrenunciable.

Han sido cuatro (4) años, durante los cuales la comunidad profesoral de la UC ha sostenido una lucha firme, persistente, a fin de restituir el sacramento cívico del derecho de elegir y ser elegido. Y no se crea que ha sido fácil. Como en toda travesía auténtica, el paso ha estado marcado por obstáculos, incertidumbres, incluso el desaliento. Pero al final, felizmente, ha predominado una indoblegable voluntad colectiva.

Hoy, esa espera comienza a tomar cauce. Apenas hace un mes, el ente público jerárquico supervisor y fiscalizador de las cajas de ahorro en Venezuela, la Superintendencia de Cajas de Ahorro (SUDECA), mediante providencia administrativa, ordenó al IPAPEDI la realización del tan obstaculizado proceso electoral. Lo primero, la Comisión Electoral, que, una vez elegida, fijó una fecha precisa para las elecciones: viernes 8 de mayo de 2026. Un día que ya no pertenece a la incertidumbre, sino al inmediato porvenir que se labra y construye. Si contamos los días, veremos que a la fecha median escasos treinta y tres (33) días, que más allá de alguna coincidencia simbólica, nos invitan a reflexionar sobre los ciclos del esfuerzo, entrega y renovación. Porque, lo decimos con emoción, lo que está en juego no es un simple acto electoral. Es algo más profundo: la posibilidad cierta de que IPAPEDI recobre su sentido original, su legitimidad y su misión en favor del profesorado necesitado.

El Instituto de Previsión Social del Personal Docente y de Investigación de la Universidad de Carabobo, recordemos, nació para proteger, acompañar y brindar seguridad social a sus asociados. Sus medios: el ahorro, la previsión y el apoyo mutualista. Ese sueño fundacional de los maestros profesores, concebido hace ya 65 años, sigue vigente. No ha desaparecido pese al esfuerzo de algunos en negar su noble origen y propósito; que en el orwelliano lenguaje de sus negadores consiste en reducir el Instituto a una mera caja de ahorros, ocupada en minúsculas operaciones financieras, y no atendiendo al supravalor de la vida: la salud de sus asociados y familiares. Decíamos que la memoria de la razón de ser del IPAPEDI permanece. A veces silente, pero intacta. Está allí en la conciencia colectiva del estamento profesoral de la UC.

Por eso, al mirar hacia el próximo 8 de mayo, no hablamos únicamente de elecciones. Hablamos de una renovación institucional, de reencuentro con la esencia, de retorno a la vida plena del instituto. Y como en toda resurrección auténtica, no se trata de mirar el pasado por el retrovisor, sino de recuperarlo para proyectarlo hacia el futuro. IPAPEDI no ha dejado de existir. Los que creyeron borrarlo van a ser desestimados. Sin duda. Pues hoy, con la participación activa, consciente y comprometida de sus socios profesores, va a tener la oportunidad de volver a vibrar con toda su fuerza, de ponerse nuevamente al servicio de quienes le dieron origen y razón de ser, los profesores. La historia enseña que las instituciones, como las personas, pueden atravesar momentos de dificultad. Lo determinante no es la caída, sino la capacidad resiliente de levantarse con dignidad. Y ese momento se percibe entre nosotros como cercano.

El próximo 8 de mayo será, si así lo decidimos mayoritariamente, el día en que la voluntad democrática de los socios docentes activos y jubilados, se exprese con meridiana claridad, y la institución resurrecta retome su camino. Porque, al final, toda esperanza encuentra su sentido cuando se transforma en esperanza movilizada.

Profesor(a), la esperanza cuando se sostiene en la perseverancia y la convicción, termina por imponerse. Cuando se tiene un porqué se puede lidiar con cualquier que, porque lo que nace de la virtud y se sostiene en la voluntad está llamado a prevalecer. ¡Vamos a por ello!

El viernes 8 de mayo, elecciones en IPAPEDI.