Capacidad Institucional Permanente

Capacidad Institucional Permanente

Hay decisiones que trascienden la administración de un patrimonio. Decisiones que terminan definiendo el sentido mismo de una institución, así como el grado de compromiso que ella asume con la vida de quienes la hicieron y la hacen posible. Entre el 10 y el 14 de agosto próximos, el Consejo de Administración del IPAPEDI ha decidido convocar a las asambleas parciales por facultades, jubilados y delegados. En ellas será dado a conocer la verdad del estado en el que se encuentra el instituto y, también, serán sometidos a consideración tres (3) proyectos destinados al área de la salud. No se trata de iniciativas coyunturales ni de inversiones de corto aliento. Se trata, en cambio, de la posibilidad cierta de construir capacidad institucional permanente, a los fines de atender la necesidad más apremiante del ser humano: la de preservar la vida y aliviar el sufrimiento. Hay ocasiones en que las cifras hablan por sí mismas. De los 3.200 profesores asociados al IPAPEDI, alrededor de 2.000 son jubilados. La edad promedio de este importante grupo humano ronda los 70 años. Detrás de cada uno hay una historia de servicio, décadas de docencia, investigación y extensión. Son hombres y mujeres que dedicaron gran parte de su vida adulta a formar generaciones de profesionales, engrandeciendo así el nombre de la Universidad de Carabobo. Hoy, en retribución, la universidad y sus dependencias asistenciales están llamadas a corresponderles con hechos concretos. Veamos.

El primer proyecto corresponde a la creación y puesta en servicio de una Unidad de Cirugía Ambulatoria (UCA), concebida como una extensión clínica del Postgrado de Cirugía de la Facultad de Ciencias de la Salud. Su puesta en funcionamiento representa mucho más que la apertura de un nuevo servicio. Significa, a nuestro modo de ver, comenzar a saldar una deuda histórica con la comunidad universitaria, al dotar a la institución de una capacidad quirúrgica propia para atender cirugías que, por su naturaleza, no requieren hospitalización. Su pertinencia, difícilmente admite discusión.

El segundo proyecto plantea la instalación de una unidad para la administración y aplicación de tratamientos de quimioterapia e inmunoterapia. Se ubicaría en las instalaciones de la UAMI. La sola realidad que intenta atender, bastaría para comprender su urgencia. Se estima que, en este momento, alrededor de cincuenta (50) profesores padecen de cáncer y, en consecuencia, requieren sesiones de infusión. En el mercado, cada aplicación tiene un costo aproximado de 400 dólares y un tratamiento completo, que suele comprender diez sesiones, representa un desembolso de 4.000 dólares; sin considerar otras cosas como otros exámenes, medicamentos adicionales y gastos de traslado. Detrás de esos 50 rostros, hay familias en batalla por esas vidas. Acercar este servicio a la comunidad universitaria no solo representa un importante alivio económico; constituye, además, un acto de genuino mutualismo institucional.

El tercer proyecto propone reactivar los servicios médicos de la Asociación de Profesores de la Universidad de Carabobo (APUC), recuperando áreas tan necesarias como fisioterapia, odontología, medicina familiar y atención psicoterapéutica. No es una iniciativa aislada. Los miembros de APUC son, prácticamente, los mismos profesores que integran el IPAPEDI.

Pues bien, fortalecer esos servicios significa fortalecer una red de atención que acompañe al profesor antes, durante y después de la enfermedad, promoviendo, así, una visión integral de la salud. Las tres iniciativas comparten un mismo hilo conductor: transformar recursos económicos en bienestar humano y convertir el patrimonio institucional en una fuente permanente de protección para quienes, con su esfuerzo profesional sostuvieron y sostienen el prestigio académico de la Universidad de Carabobo.

Las asambleas convocadas entre el 10 y el 14 de agosto no decidirán únicamente autorizar estos tres proyectos de salud. Decidirán, sin duda, sobre el modelo de institución que el IPAPEDI desea consolidar para el presente y para las generaciones futuras.

Aprobarlos y autorizarlos significa, según nuestro parecer, apostar por una organización que no se limite a ser un mero ente de intermediación financiera, sino que preste servicios, esperanza y calidad de vida. Las instituciones se engrandecen cuando comprenden que su patrimonio más valioso no son los edificios hechos de bloque, cabilla y cemento, ni las cuentas financieras; sino las personas. Y mucho más cuando se trata de quienes dedicaron y dedican su tiempo y su talento a construirlas, y que hoy, en la emergencia humanitaria que sufren confíen en que el mutualismo institucional se exprese en concretas solidaridades practicadas y no tanto predicadas.

Profesor(a), quizás dentro de algunos años no se recuerde la fecha exacta de estas asambleas. Pero sí se sentirá que hubo un momento en que los profesores de la Universidad de Carabobo decidieron mirar hacia el futuro con altura de miras dejando de concebir la salud como un gasto, para entenderla y concebirla si se quiere, como la más noble y necesaria inversión.

Toda institución encuentra su verdadera estatura moral cuando pone la vida humana como el centro de su quehacer. Y pocas oportunidades permiten demostrarlo con tanta claridad como la que tienen hoy, en sus manos, los respetables docentes socios del IPAPEDI.

¡Vamos a por ello!.