Lo que se quiere se cuida, y si se cuida, perdura.

En Venezuela lo sabemos de memoria, aunque a veces lo olvidemos.
”Lo que se quiere se cuida, y si se cuida, perdura”.
En el IPAPEDI esa verdad se mide en los decibeles de ruido de una planta eléctrica, así como en las horas de suministro de energía. En el Instituto contamos con una planta que, cada vez que Corpoelec nos interrumpe el fluido eléctrico, dejándonos a oscuras —lo que en promedio ocurre seis horas diarias, de los siete días de la semana—, nos posibilita la vida operativa del Instituto. En la realidad de hoy, esas interrupciones ya no son simples contratiempos, sino que revisten crucialidad, pues se han convertido en una calamidad existencial.
Sin energía eléctrica ni pensar en producción, ni en clases. Eso paraliza la actividad administrativa y, por consiguiente, tampoco hay servicios. En suma, casi todo se detiene. La planta, sin embargo, nos ampara de sufrir una parálisis casi total. Con todo, ha estado más de un año sin el más elemental mantenimiento: cambio de aceite, sustitución de filtros de aceite y de aire, y suministro del refrigerante al radiador.
La planta, un equipo vital, estaba desasistido por el desvarío y extravío en el que, en mala hora, quedó sumido el Instituto. No obstante, el nuevo IPAPEDI —el de las buenas y mejores voluntades y capacidades UCistas— ha decidido romper con la inercia del abandono y la indolencia. Cuidar y mantener la planta es una inversión para la creación de capacidades institucionales permanentes (CIP). Lo cual, sin duda, es un acto de responsabilidad y de salvaguarda de lo que es de todos los profesores asociados. Así que, pasamos de los decires a los haceres e hicimos el mantenimiento de rigor. Y con gran sentido de responsabilidad, cambiamos aceite, filtros, el refrigerante y, además, adecuamos el tubo de escape. Pintamos la estructura de rejas protectoras en cuyo seno se percibe una obra de arte. Las fotos que acompañan la presente crónica son elocuentes. Se evidencia el antes y el después.
La diferencia es clara. Antes, se dejaba que el descuido y abandono hicieran de las suyas. Ahora, con predisposición actitudinal positiva y el debido conocimiento, garantizamos que la planta sea el respaldo confiable que nuestra caja de ahorro previsional, necesita en su día a día. No es solo una planta: es, de hecho, la garantía de la continuidad funcional de la institución. En el nuevo IPAPEDI no íbamos a esperar a que la planta colapsara para luego lamentar y recordar su estratégico valor.
La cuidamos hoy y ahora, para que siga iluminando los pasos del rescate de nuestro instituto. Porque así, y solo así, demostramos con hechos que cuando en verdad se quiere algo, lo cuidamos… y al cuidarlo, hacemos que perdure.