El capital relacional no está en balances contables.

La vida enseña: Siempre hay una alternativa, cuando hay la voluntad de encontrarla. Veamos. El pasado sábado 12 de septiembre tuve la oportunidad, en la sede del IPAPEDI, de compartir un evento significativo con dos de nuestros ex rectores magníficos: los profesores Gustavo Hidalgo Vitale y Elis Mercado Matute. Ellos, amablemente, hicieron la entrega de los certificados de su diplomado a treinta licenciados en fisioterapia que, recién, culminaron con éxito su formación en las menciones de Fisioterapia Neurológica y Fisioterapia Traumatológica. El acto, promovido por el no menos amable Dr. Carlos Villaverde, de conjunto con Fundacelac, resultó ser mucho más que un formalismo académico. Fue en realidad, la concreta expresión de algo que está en el seno de mi sentipensamiento: los problemas sociales pueden ser complicados —y suelen serlo— , pero cuando podemos y queremos sinergizar voluntades, capacidades y disposición actitudinal positiva, aparecen las soluciones que antes parecían imposibles. Sépase, que durante cuatro semanas, los días sábado, el sótano y la sala de reuniones del IPAPEDI se convirtieron en aulas universitarias. Allí se impartieron las actividades académicas finales que hicieron posible que los fisioterapeutas culminaran su formación. ¿La razón?
La disponible y oportuna planta eléctrica del instituto, encaso de que apareciera el siempre mal visto apagón. En Fundacelac (en El Trigal), los cortes de energía son muy frecuentes. Así que, en un país donde la interrupción del servicio eléctrico es un hecho cotidiano —con cortes que pueden ser hasta de 7 horas continuas— decidimos convertir tan inoportuna limitación en una conveniente ocasión. ”Si no tenemos las condiciones deseables, construyamos las condiciones posibles”, me parece haber sido una frase de Arquímedes, el de Siracusa. Y esta última expresión resume buena parte de lo que intentamos hacer en el IPAPEDI.
Pero lo realmente trascendente de esta experiencia; mantengo y sostengo, está en lo que viene tras la entrega de certificados. Hemos construido un acuerdo ganar-ganar. Los fisioterapeutas pondrán sus conocimientos, destrezas y capacidades al servicio de los profesores en sesiones gratuitas de fisioterapia, destinadas a aquellos de los nuestros cuya condición musculoesqueletica lo requiera. Esto toma una dimensión especial cuando observamos nuestra realidad.
De los 3.200 profesores asociados al PAPEDI, unos 2.000 son profesores jubilados, cuya edad promedio anda cerca de los 70 años. Estamos hablando, por tanto, de una población profesoral que merece especial atención en salud y acondicionamiento físico. Una sesión de fisioterapia pudiera tener en el mercado un costo de 20 dólares. De seguro, que para muchos de los nuestros ese costo resulta casi impagable. Entonces nos preguntamos: ¿Tiene que significar esto que quien no puede pagar no debe recibirla? ¡No! Y nuestra respuesta ha sido siempre no. Y allí aparece nuevamente el concepto de capital relacional. Treinta fisioterapeutas aportan su conocimiento y trabajo. El IPAPEDI aporta espacios, organización y capacidad de articulación. Nuestros profesores reciben una atención que, de otra manera, tal vez no podrían costear. Así que nadie deja de ganar.
Todos ganamos. Gana el fisioterapeuta, porque encuentra un espacio para ejercitar y relacionarse con potenciales clientes y amigos. Y gana IPAPEDI, porque cumple con su razón social y previsional. Todo eso lo hace posible el capital relacional. Concepto que no se agota solamente en conocer personas. Porque es mucho más que eso. Es tener la capacidad de conectar voluntades, capacidades, conocimientos, instituciones y necesidades para producir buenas y efectivas soluciones. En tiempos de escasez solemos mirar primero cuánto nos falta: dinero, recursos, infraestructura, equipos.
Nosotros debemos aprender a mirar también, todo aquello que sí tenemos. Tenemos profesores. Tenemos profesionales. Tenemos universidad. Tenemos conocimiento. Tenemos espacios. Tenemos experiencia.
Y, en fin, contamos sobre todo con voluntad. Y poseemos algo que, además, en determinadas circunstancias, puede ser aún más importante que el dinero. La ventaja moral de poder ayudarnos a nosotros mismos. De que los pares cuiden a sus pares. Esto es, precisamente, lo que estamos intentando hacer desde IPAPEDI. Tampoco prometemos resolverlo todo. Nuestros recursos son limitados. Pero sí tenemos la disposición de buscar alternativas.
Gerenciar una institución previsional en tiempos difíciles exige algo más que administrar recursos materiales, exige poner en juego la imaginación creativa a fin de convertir las potencialidades en respuestas para beneficio de nuestros profesores y sus familiares. Treinta fisioterapeutas recibieron un certificado. Pero, simbólicamente, recibieron algo más. Recibieron la oportunidad de convertir su conocimiento en servicio. Y nuestros profesores activos y jubilados recibieron y habrán de recibir también algo más que una sesión gratuita de fisioterapia. Recibieron y recibirán la certeza de que todavía podemos construir otros mecanismos mutualistas. Quizás esté allí una de las claves del nuevo IPAPEDI que nos merecemos. Un IPAPEDI que sea capaz de articular capacidades. Un IPAPEDI que entienda que la previsión social puede construirse desde el valor de la cooperación. Un IPAPEDI que haga uso del capital relacional como una herramienta de gestión. Ante los escasos recursos dinerarios, no podemos darnos el lujo de desperdiciar las capacidades con que contamos.
Y porque, finalmente, hay una verdad que se abre paso en la experiencia: Los problemas no siempre se resuelven con más dinero. No pocas veces se resuelven conectando mejor las posibilidades, las voluntades y las capacidades que tenemos a mano. Ese es el camino. Sinergia de las mejores voluntades y capacidades UCistas. Y así, paso a paso, vamos sembrando futuro.
Profesor(a), el capital relacional ni está en los balances contables, ni substituye al dinero; pero puede multiplicar en un buen momento el valor de los recursos que sí tenemos.