La Morita construyendo sinergia

En el corazón académico del Campus La Morita de la Universidad de Carabobo, en el espacio donde convergen las Facultades de Ciencias de la Salud y Ciencias Económicas y Sociales se produjo algo más que una visita: se encendió una convicción luminosa. Ciertamente. El pasado miércoles 22 no fue un día cualquiera. Fue uno, según nuestro parecer, de reencuentro con el sentido profundo de lo que en verdad somos.
El equipo “sinergia de las mejores voluntades y capacidades UCistas” acudió al centro de investigación BIOMED con el propósito de escuchar… y para bien terminó siendo testigo de algo mayor: una irrupción de sentida esperanza colectiva. Fueron cincuenta y tres (53) profesores, con la autoridad moral que da la vocación intacta templada con la experiencia, los que abrieron un espacio dialógico que trascendió lo meramente formal. Allí no hubo silencios cómodos, ni mucho menos palabras vacías. Hubo, sí, verdades. Hubo memoria. Y, sobre todo, lo que más conmueve, hubo anuncios de futuro. Se habló sin rodeos. Se evocó el sueño fundacional de aquellos maestros que, hace sesenta y cinco (65) años, soñaron y concibieron un instituto para brindar protección social y dignidad al profesor universitario. Seguridad real. Seguridad humana.
Seguridad con rostro de salud. Y fue precisamente allí donde la voz colectiva se volvió más firme y contundente. Porque la enfermedad no es una abstracción. Es una amenaza concreta que genera angustia existencial y, ante la cual todos somos vulnerables. Y el miércoles 22 esa angustia fue expresada sin eufemismo alguno. En IPAPEDI no hay programas de salud, no hay previsión, no hay en definitiva ningún género de protección social.
Y para colmo de la mitomanía, se pretende hacernos creer, que la protección social burlada, puede ser canjeada y solapada por unos títulos valores estimados en $30 por profesor, por cierto, tomados de nuestro patrimonio colectivo, dizque para convertirnos en flamantes “accionistas e inversionistas en la Bolsa de Valores de Caracas”. ¡Por Dios! También se expresó la indignación serena pero firme: son siete años sin dividendos y cinco sin asambleas para conocer y sancionar las memorias y cuentas. Cuatro (4) años con periodo vencido convirtió en ilegítima a la actual gestión por cuanto actúa de hecho y no de derecho. Se produce una millonaria pérdida de recursos en la mole de bloque, cabilla y cemento de Chichiriviche; mientras la vida del profesor queda absolutamente desprotegida.
Pero lo realmente trascendente no fue solo la denuncia. Fue la decisión de no resignarse, no claudicar. En La Morita no hay cabida para el pesimismo. Allí sentimos una predisposición actitudinal positiva para perseverar. Determinación para retomar el sueño fundacional de los maestros profesores fundadores. Determinación para construir ahora un nuevo horizonte: el ESA (Ecosistema Sanitario Autónomo) como respuesta concreta, viable y urgente, a la necesidad más sentida del profesorado, la de preservar el supravalor de la vida, que es la salud. En La Morita se entendió algo esencial: nadie vendrá a resolver lo que nosotros no procuremos. Y entonces ocurrió lo más importante. La confianza comenzó a desplazarse… del “ellos” al “nosotros”.
Porque cuando una comunidad de intereses comunes reconoce su propia potencialidad y fuerza, deja de ser espectadora y se convierte en protagonista. La Morita habló claro: no queremos promesas, no queremos relatos vacíos, queremos protección, queremos soluciones, no queremos callar y esperar. ¡Queremos actuar! Y nosotros, desde la sinergia de las mejores voluntades y capacidades UCistas, asumimos esa querencia con la mayor responsabilidad porque sabemos cómo hacerlo y queremos hacerlo.
Nuestro compromiso no es retórico. Es ético. Es institucional. Creemos en la capacidad de los profesores UCistas para construir su propio ecosistema sanitario autónomo (ESA). Creemos en la inteligencia y responsabilidad colectiva como motor de transformación. Y creemos, sin ambages ni titubeos, que la salud del docente está por encima de todo, porque la salud, repetimos, es el supra valor de la vida. Cuando un(a) profesor(a) se siente protegido(a), enseña mejor.
Profesor(a), haber estado en La Morita no fue solo una visita, fue como salir al encuentro de una señal luminosa. La señal de que el cambio en IPAPEDI no solo es necesario… sino inevitable, y habrá de ocurrir porque así ha sido decidido. Y cuando una comunidad decide, responsable e inteligentemente, se hace protagonista de su propio destino. ¡Vamos a por ello!