Un voto por la salud.

El tiempo, cuando transcurre en pos de un propósito noble, suele medirse no por los días transcurridos, sino por la trascendencia de las decisiones adoptadas. El próximo 14 de agosto se cumplirán tres meses de nuestra proclamación como integrantes del Consejo de Administración de IPAPEDI para el periodo 2026-2029. Noventa días parecen mucho en el calendario; sin embargo, han sido pocos para confirmar una preocupante verdad que muchos intuían, pero que pocos conocían en su exacta dimensión. Entre el 10 y el 14 de agosto habrán de efectuarse las asambleas parciales de Facultades, Jubilados y Delegados. No serán reuniones de mero protocolo. Serán a su vez ejercicios de transparencia institucional y actos de respeto hacia los verdaderos propietarios del instituto: los profesores de la Universidad de Carabobo. Nuestra imperativa obligación será hablar con la verdad.
Expondremos, sin maquillajes ni eufemismos, la situación funcional y financiera en la que recibimos al IPAPEDI. La verdad pudiera ser incómoda para algunos, pero constituye el único fundamento firme sobre el cual puede edificarse la confianza futura. Debemos admitir que existe una realidad subyacente que explica buena parte de las dificultades que hoy enfrenta nuestro instituto.
Durante décadas, IPAPEDI cumplió una misión noble y efectiva: transformar el ahorro de los profesores en protección y previsión social. El ahorro era, entonces, el pulmón que alimentaba la cartera crediticia, las ayudas y los beneficios de los asociados. Pero ese pulmón, un día dejó de funcionar. No porque los profesores hayan perdido la voluntad de ahorrar, sino porque les arrebataron la posibilidad de hacerlo. Desde hace casi una década, el sueldo del profesor universitario venezolano fue reducido a límites moralmente inaceptables. Hoy, un profesor universitario titular, que es el máximo escalafón, con doctorado y a dedicación exclusiva, percibe por concepto de sueldo apenas 1 dólar mensual. ¿Puede llamarse ahorro mensual al 10% de 1 dólar? Un sistema en el que el profesor aporta sus diez centavos de dólar y la universidad contribuye con los otros diez centavos. Pero para el colmo de la tragedia, el llamado Sistema Patria (el patrono de facto) desde hace siete (7) años, no transfiere al instituto vía OPSU, los 20 centavos de dólar por concepto de aportes y retenciones.
¿Apropiación indebida? En consecuencia, la disponibilidad financiera que, antes alimentaba los créditos y la previsión social, quedó reducida a la nada. No es que haya desaparecido el espíritu previsivo, sino que desapareció el sueldo. Así de sencillo. Y sin sueldo no hay ahorro. De esta manera, IPAPEDI perdió el mecanismo que, entre otros, permitía otorgar créditos a sus asociados. Sin embargo, stricto sensu, debe decirse, que esto no es resultado de la gestión de algún Consejo de Administración en particular. Es, sí, el resultado de la sistemática y criminal pulverización y demolición del sueldo del profesor universitario venezolano. ¿Con qué fin? No obstante, toda crisis obliga a los líderes responsables y comprometidos a decidir entre la queja cansina y la proactiva creatividad.
Nosotros hemos escogido, como debe ser, la proactiva creatividad. Si el ahorro dejó de ser como está probado, el motor financiero del instituto, debemos poner parte de nuestro patrimonio al servicio de aquello que hoy representa la mayor necesidad de nuestros profesores: la salud. No podemos aumentar el sueldo que, irresponsablemente, pulverizó el gobierno. Pero sí podemos hacer que el capital patrimonial construido por generaciones de docentes, produzca bienestar, alivio y esperanza. Por esa razón, apelaremos a las asambleas parciales para solicitar algo más importante que una autorización administrativa. Solicitaremos un voto por la salud. Pediremos que los profesores en asamblea nos otoguen y habiliten con su confianza para desarrollar tres (3) proyectos de hondo calado humano y social. A saber:
El primero consiste en la creación de una Unidad de Cirugía Ambulatoria (UCA), concebida como una extensión clínica del posgrado de Cirugía de la FCS, destinada a ofrecer y dispensar intervenciones quirúrgicas oportunas y de mucho menor costo para los asociados y familiares. El segundo, contempla la puesta en servicio de una unidad para la administración de tratamientos de quimioterapia e inmunoterapia, porque creemos que quienes enfrentan el cáncer, no deberían cargar con la angustia de no encontrar dónde recibir su tratamiento digna y oportunamente. Y El tercero permitirá reactivar los servicios médicos de la APUC, en Valencia y Maracay (La Morita), con lo cual recuperaríamos capacidades asistenciales que han sido parte del acervo institucional de los profesores asociados.
Estos proyectos no constituyen simples gastos. En verdad, son inversiones por y para la vida. No representan obras de bloque, cabilla y cemento. Representan sí, proyectos de sinergia y mutualidad. Obviamente, no buscan producir solamente dividendos financieros. Aspiran a generar, también, el mayor de todos los dividendos: preservar la salud como el supra valor de la vida y aliviar el sufrimiento de nuestros profesores y sus familias.
Hace tres meses recibimos un instituto con enormes dificultades, pero también, afortunadamente, con un patrimonio forjado a lo largo de 65 años que puede y debe convertirse en una eficaz y efectiva herramienta de protección y previsión social. Ahora, corresponde a los asociados decidir. Las asambleas no solamente conocerán la realidad que encontramos. También tendrán la oportunidad de abrir las puertas y darle cabida a un nuevo paradigma institucional. Uno en el que el patrimonio deje de permanecer inmovilizado y tóxico, para convertirse en salud, atención médica y esperanza. Porque, aunque ya no sea posible ahorrar dinero, aún es posible sembrar previsión y seguridad en materia de salud.
Profesor(a), cuando una institución como IPAPEDI coloca la seguridad social de los asociados y la de sus núcleos familiares por encima de cualquier otra consideración, comienza verdaderamente a cumplirse el espíritu y propósito por el que fue creado. Con humildad, pero con acerada y profunda convicción, solicitaremos un voto por la salud. No solamente para administrar la crisis, sino para comenzar a transformarla en esperanza real. En el IPAPEDI de la sinergia de las mejores voluntades y capacidades, no defraudaremos ni abandonaremos su misión: ser instrumento eficaz de seguridad y previsión en salud.
¡Vamos a por ello!.