Una pausa no detiene el futuro.

Una pausa no detiene el futuro.

El pasado martes recibí una comunicación, vía correo electrónico, emanada de la Superintendencia de Cajas de Ahorro (SUDECA), órgano jerárquico de supervisión, mediante la cual se ordena suspender las asambleas parciales de Facultades, Jubilados y Delegados que nuestro Consejo de Administración había convocado para efectuarse entre el lunes 10 y el viernes 14 de agosto. Acatamos la decisión con el debido respeto institucional. Las asambleas quedan, por tanto, en suspenso hasta tanto se satisfagan las exigencias técnicas y normativas señaladas por el órgano supervisor. Entre ellas, se cuenta la protocolización y registro ante el SAREN, un requerimiento que, según se nos comunica, no se había cumplido para el momento de la publicación de la convocatoria de las referidas asambleas.

A Dios gracias, la protocolización se logró el pasado viernes (07-08-2026). En consecuencia, ya tenemos el documento que da fe pública de nuestra investidura. Adicionalmente, SUDECA ha programado entre el 10 y 14 de agosto, actividades de inducción e información en la sede misma de nuestro instituto. Frente a estas circunstancias, el Consejo de Administración ha decidido suspender, transitoriamente, las asambleas previstas. Sin embargo, esta circunstancia en modo alguno interrumpe el compromiso que asumimos ante el profesorado asociado de la Universidad de Carabobo. La agenda de IPAPEDI continúa.

Cuando hace apenas tres meses asumimos la responsabilidad de conducir el Instituto, lo hicimos convencidos de que había llegado el momento de recuperar su institucionalidad, su transparencia y, fundamentalmente, su verdadera razón de ser: dar seguridad social a sus profesores. Esa seguridad social tiene hoy un objetivo prioritario: la salud. No hemos llegado a IPAPEDI para administrar una estructura burocrática ni para preservar inercias. Al contrario, estamos aquí para hacer una gestión. Gestión previsional. Gestión social. Gestión con sentido altruista. Y, especialmente, una gestión para la salud. Una verdad que debemos proclamar.

Durante los últimos años se ha venido hablando del IPAPEDI como si, esencialmente, fuera una caja de ahorro. Ahora, debemos mirar de frente y encontrarnos con su realidad, vale decir, con la verdad. IPAPEDI dejó de ser en los hechos una verdadera caja de ahorro hace aproximadamente una década. La razón es sencilla y elemental: para ahorrar se necesita tener capacidad de ahorro. Cuando el sueldo del profesor universitario ha sido pulverizado hasta niveles que hacen imposible atender las más elementales necesidades, pretender que el profesor puede continuar haciendo aportes a una caja de ahorro constituye una simple ficción. Es casi una inocentada.

El profesor que recibe un sueldo mensual equivalente a un dólar mensual no tiene ninguna capacidad de ahorro. Y cuando desaparece toda capacidad de ahorro, huelga decirlo, desaparece también la posibilidad de sostener una institución basada, primordialmente, en los aportes y retenciones de sus asociados. Esta es una realidad a la que invito que se asuma sin ambigüedad. Entonces, ¿qué nos queda?

Nos queda solo nuestro patrimonio. El patrimonio acumulado durante 65 años de historia institucional. Ese patrimonio no es propiedad de una administración en particular. Ni pertenece a un Consejo de Administración. Ese patrimonio, a decir verdad, pertenece a los profesores asociados, como fruto de décadas de esfuerzo, aportes, sacrificios y de construcción institucional de generaciones de docentes universitarios.

Por todo lo anterior, sostenemos que una de las tareas esenciales de esta nueva etapa consiste en estudiar, proteger y utilizar racionalmente ese patrimonio para cumplir la finalidad social para la cual IPAPEDI fue fundado. Ahora bien, no se trata de utilizarlo irresponsablemente. Mucho menos, dilapidarlo. O convertirlo en una caja chica. Se trata, sí, de poner dicho patrimonio al servicio de la seguridad social, con criterios técnicos, actuariales, financieros y de absoluta transparencia. En materia de seguridad social, nuestra prioridad luce inequívoca: la salud.

Para otras cosas podemos esperar. La salud, en cambio, no siempre espera, ¿verdad? El patrimonio como puente hacia el futuro es nuestra bitácora. La utilización responsable de una parte del patrimonio acumulado no debe entenderse como una amenaza para la institución, sino como una posibilidad cierta de supervivencia y de recuperación de su misión original.

Tenemos que ser capaces de transformar el patrimonio inmovilizado que se torna tóxico en bienestar social. Tenemos que buscar mecanismos que permitan que una parte de esa riqueza institucional acumulada durante 65 años regrese al profesor en forma de protección, previsión y atención sanitarias. Ese es el desafío. Y hacerlo exige algo que para nosotros resulta irrenunciable: institucionalidad democrática. Por ello acataremos las observaciones de SUDECA. Por eso cumpliremos las exigencias que nos corresponden. Por eso atenderemos los requerimientos técnicos y normativos. Y por eso participaremos en los talleres de inducción e información programados por el órgano supervisor.

No venimos con espíritu contencioso a confrontar instituciones. Venimos a institucionalizar al IPAPEDI y a Sinergizar. No venimos a violar ni desconocer normas, pues venimos a cumplirlas. No venimos a administrar el pasado sino, ante todo, a construir el futuro. Las asambleas podrán esperar, la gestión no. Las asambleas parciales fueron convocadas porque consideramos fundamental que los verdaderos propietarios de IPAPEDI —los profesores— conozcan la situación del Instituto y participen en la construcción de su futuro. La suspensión temporal no modifica ese propósito. Las asambleas serán realizadas cuando las condiciones técnicas y normativas lo permitan. El profesorado será informado. Los datos, cifras y números (cdn) serán expuestos y dados a conocer. Las decisiones serán explicadas. Y la gestión deberá ser sometida al escrutinio de sus propietarios. Porque después de años de distanciamiento entre el IPAPEDI y sus profesores, la transparencia no puede volver a ser una promesa: tiene que convertirse en una práctica institucional.

Esta pausa no nos desvía del camino. Al contrario, puede servir para fortalecerlo. Estamos empeñados en construir un IPAPEDI institucionalizado, transparente y técnicamente sólido. Un IPAPEDI que entienda que la previsión social del profesor universitario no puede limitarse a ahorrar el dinero que el profesor ya no tiene.

Profesor(a), estamos obligados a encontrar nuevas respuestas para una nueva realidad. Y esas respuestas pasan por el patrimonio, por la previsión, por el mutualismo y, sobre todo, por la salud. IPAPEDI no seguirá en el extravío en el que por años estuvo sometido. Las asambleas, por ahora, han sido suspendidas. La gestión continúa, porque nuestro compromiso no es circunstancial, es definitivamente con los profesores de la Universidad de Carabobo. Y nuestra brújula seguirá apuntando hacia el mismo norte: hacer de la seguridad social, con énfasis en la salud, la razón de ser del nuevo IPAPEDI.

¡Vamos a por ello!.